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noviembre 2014

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Hijo de… «corrupto»

Publicado por , Posteado enOpinión

Hemos podido ver en la más rabiosa actualidad sobre la corrupción como se han visto salpicados, no solo ciertos personajes de la política, del mundo empresarial, de la comunicación o de cualquier otro ámbito de la sociedad, sino sus propios hijos.
Si las causas en las que algunos están imputados salen adelante y se les condena, quizá pudiera verse a ciertos descendientes ingresando en prisión y esto me hace pensar, como padre que soy yo también ¿qué podría llegar a sentir el padre corrupto ante la visión de un hijo suyo entrando en la cárcel de Alcalá Meco, por ejemplo? a raíz de un caso de corrupción en el que se ha demostrado de forma clara y fehaciente que el descendiente se ha lucrado y beneficiado de forma ilícita aprovechando la influencia política de su padre o por pertenecer a una trama de éste en la que se le ha asignado un alto nivel de responsabilidad y de participación por ser alguien de su plena confianza.
Esto quiere decir que el padre ha corrompido al hijo al implicarle y hacerle cómplice de dicha trama o explicándole cómo funcionan las cosas a esos niveles y el “modus operandi” a seguir para conseguir los fines ilícitos sin que lo atrapen.
Estoy seguro de que la soberbia del padre corrupto le haría mover Roma con Santiago para evitar que su hijo, corrompido por él, fuera a la cárcel y que, de no conseguirlo, tendría un sentimiento de profunda rabia y frustración que le llegaría hasta el tuétano y le llevaría a la venganza con todos los medios a su alcance hasta que éstos alcancen el nivel de bajeza y depravación acordes a su condición y mala fe; pero mi curiosidad es si durante o después, en un hálito de debilidad y fruto de la consternación, aparecería algún sentimiento de reproche o de culpabilidad hacia su propia persona. Al fin y al cabo todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos pues son nuestra descendencia, nuestro fruto; los hemos visto nacer y hemos sido plenamente conscientes de lo indefensos que son en ese momento, los hemos criado, mantenido y educado entre unos valores que eran los que creíamos más correctos y mejores para que les fuera bien en la vida.
Si el corrupto, por mucho que se justifique en que lo es por tales o cuales razones, sabe perfectamente que sus actividades, sus valores y su moral no son correctas, lícitas y ni siquiera legales, también debe ser plenamente consciente de que ese comportamiento pudiera tener sus consecuencias penales ante la Justicia en caso de salir a la luz. Aún así asume dicho riesgo porque considera que los beneficios económicos o de cualquier otra índole le compensan.
Lo que no llego a entender es por qué condena al hijo a ser otro corrupto como él haciéndole partícipe de dichos valores reprobables, exponiéndolo consecuentemente al riesgo de las citadas consecuencias penales, salvo que esté buscando esconder su mala conciencia detrás del bálsamo de la “complicidad” filial.
Si mi hijo fuera a la cárcel como consecuencia de haberle implicado en una trama ilegal en la que él ha aceptado participar porque la moral y la educación que yo le he inculcado desde que era un ser desvalido e inocente se lo ha hecho permisible, a mí se me caería la cara de vergüenza y el sentimiento de culpabilidad no me dejaría respirar durante el resto de mi existencia como padre.
La verdad es difícil indagar en las cuestiones morales y los sentimientos de un corrupto, pero si éste tuviera un atisbo de sentimiento de culpabilidad ante un caso similar, yo lo consideraría como un hecho esperanzador en cuanto a la condición humana.

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