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agosto 2017

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Sí, la culpa es nuestra

Publicado por , Posteado enOpinión

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Muchos padres con adolescentes nos quejamos amargamente de su comportamiento y acostumbramos a compartir cuitas cuando departimos con nuestros afligidos semejantes.

Tan sobrados de humildad como ávidos de benevolencia buscamos consuelo a la bancarrota de nuestro proyecto educativo. Aceptamos que no lo hemos hecho bien, asumimos nuestra tierna benevolencia, admitimos ser pusilánimes y nos excusamos con que las circunstancias nos han inducido a todos a obrar de la misma manera, condicionados por las sombras de un pasado donde las palabras autoridad, disciplina y respeto eran un yugo deshonroso del que había que abdicar.

Y así, laxos casi siempre, temerosos en ocasiones y ofuscados permanentemente, contemplamos a la vez que resignadamente toleramos la indolencia de nuestros quinceañeros, su alergia al esfuerzo, su querencia al hedonismo y su incompatibilidad con el compromiso, beneficiarios de un sistema que los ha protegido, mimado y reído todas las gracias envueltas en celofán en lugar de papel de lija. Y maldecimos de haberlos llevado a urgencias por un resfriado o de haberles comprado un pasaje para vivir en Instagram.

Pero, sí, somos culpables, más allá de las coyunturas actuales y de las mutaciones antropológicas, porque no tenemos un plan, porque deslumbrados por la ilusión de tener hijos, ni siquiera nos detenemos a reflexionar cómo queremos educarlos. Y aunque los caminos de la educación también son inescrutables, con un método bien estudiado puede que no estaríamos lamiéndonos las heridas. Lo hemos fiado todo a la improvisación, con miedos y la guardia baja y así nos ha ido.




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