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octubre 2017

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RABIA, TRISTEZA Y SOBRE TODO IMPOTENCIA

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No a la violencia, por supuesto, SIEMPRE, pero no sólo a la fí­sica. No se puede ignorar que este mal llamado referéndum, por más que se esconda tras un acto en principio democrático, era y es una amenaza muy agresiva a nuestro marco de convivencia y que se ha planteado y ejecutado pasando por encima de los derechos de todos los ciudadanos. Por ello, mi más profundo desprecio también, hacia esa violencia invisible que pasa desapercibida a veces incluso para el que la sufre. Ya basta de manipulación mediática, pero claro, vivimos en la era de la imagen y lo que sufre la mayoría silenciada no se ve, ni vende tanto como una carga policial.

Personalmente lo estoy viviendo, mal, muy mal, me debato entre la rabia, la tristeza y la impotencia pero sufro en silencio para evitar que me insulten o discriminen a mis hijos. Esa es mi realidad, que no la de todos. Para buscar culpables, que bien podrí­a ser el deporte nacional, yo creo que hay que mirar en todas direcciones, repito, en TODAS, pero para buscar soluciones.. eso es más complicado. Luchar por el bien común implica dejar de mirarse al ombligo y a eso, están dispuestos muy pocos. No basta con hacer un buen diagnóstico y tener buenas ideas para el tratamiento, también hay que saber manejar a los medios que por suerte o por desgracia condicionan tanto que pueden convertir a un tirano en un mártir de un dí­a para otro. Y también hay que saber llegar a la gente, y eso, no suele ser virtud de los más inteligentes.

Sí­, hoy soy pesimista, porque no veo unión entre los dirigentes capaces de reconducir esta situación y frente a este órdago secesionista que dirigen unos pocos y se alimenta de un sentimiento inculcado contra el que no valen razones, eso es lo que hace falta: UNION. Unión del pueblo en defensa de la DEMOCRACIA que nos permite convivir en paz respetando al que piensa diferente. Pero también hace falta motivar a esa mayorí­a silenciada que está¡ totalmente desprotegida y sufre en silencio el peso del yugo nacionalista. Necesitamos UN GESTO, un gesto que borre los complejos de unos y el miedo de otros, un gesto que no sea envolverse en la bandera nacional porque sin ánimo de criticarla, puesto que yo sí­ la siento, aquí­ es un sí­mbolo agresivo para la convivencia.

Curioso mundo nos ha tocado vivir a los no tan jóvenes. Nacimos teniéndolo todo y ahora, ya de grandes, nos va a tocar sufrir. Quizá sea cierto que no sabemos valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos y que por desgracia para saber vivir, primero hay que sufrir. Que pena de naturaleza humana, ¿no creéis?

Yo creo en la identidad de las personas como un sentimiento muy personal que se va forjando con el tiempo y en función de tus vivencias. Creo que en nombre de la identidad de un pueblo solo se han cometido barbaridades a lo largo de la historia de todas las civilizaciones. Quizá porque he vivido en muchos sitios no tengo ese apego a una tierra, ni para lo bueno ni para lo malo. Quizá por eso me parece un sentimiento un tanto primitivo en pleno siglo XXI. Pienso que no es bueno sentirse dueño de un territorio porque eso lleva implícito ver como un invasor al que viene de fuera y creo que la movilidad geográfica nos enriquece y permite evolucionar a las culturas y a las personas.

Es triste contemplar como un pueblo construido con el esfuerzo y la valentía de gente venida de todas partes, se va oscureciendo poco a poco para convertirse en una sociedad cerrada y hostil para todo el que viene de fuera si no pasa por el aro. Es muy triste ver como el nacionalismo enfermizo impide evolucionar a una cultura, rompe la convivencia y pisotea la libertad de expresión. Pero es aún más doloroso ver y sufrir como aplica su fuerza bruta a través de los niños. Cuando los polí­ticos utilizan la educación para inculcar sentimientos de odio, la guerra futura está asegurada.

 

Desde la mayorí­a silenciosa, postura tan culpable como cualquier otra

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