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enero 2015

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Un grotesco sainete bipartidista

Publicado por , Posteado enOpinión

Los miembros del bipartidismo han acercado conjuntamente posiciones ideológicas en torno al credo neoliberal, con la finalidad de frenar todo fenómeno de masas y cualquier otra acción política de emancipación

No es ningún desvarío  afirmar  que en este país  el oficialismo político  es una farsa radical, pues cuando pasan ya  de treinta y cinco los años  que los miembros del bipartito permutante disfrazaron  la democracia de carnaval, esa falsificada mascarada  sostenida como formato funcional, para nada  fue  referente de autenticidad  por mas que se encubriese en el disimulo  de una  aparente seriedad.

Por eso al margen de todo  subterfugio, difícilmente hay quien desde el oficialismo político  pueda  alardear de ser   animador  de prácticas democráticas, cuando lo cierto es que a partir de  aquella engañosa  Transición  la democracia ha brillado por su ausencia, al ser los mercados que nadie ha votado, quienes, arrogándose papel protagonista, con la anuencia de un bipartidismo corrupto, opuesto  a la voluntad de los electores, impuso su primacía hasta el extremo de convertir a los agentes financieros  en los exclusivos  y supremos  mandatarios del país.

De ahí la nula fiabilidad  que debe otorgársele a los miembros del acoplado  bipartidista; al hacer político  de unos representantes, que como los cabecillas regentes del PP y PSOE,   convirtieron el derecho a elegir  en una práctica devaluada, ocasionando   que  los electores pasaran de  ser  el referente democrático   a estafados por  sus repetidos incumplimientos y deliberados engaños, y ello, a juzgar por  su ostensible tendencia a contravenir el contenido de sus  programas  electorales, que escritos en papel mojado fueron pensados en todo caso y de antemano  con la única finalidad de ser transgredidos al día siguiente de alcanzar el  triunfo electoral, con  el  propósito establecido en el contexto  de una miserable maniobra de artificio político.

El uso y abuso de las malas artes políticas, es decir, su pérfida  praxis,     hizo que la asidua   tolerancia de la que los electores hicieron gala durante  años  perdiera toda continuidad,    para dar paso  a la severidad inducida  por una  frustración generalizada, mutación que causó  que la fórmula  empleada   desde la Transición extraviase toda efectividad, y  que en razón a ello, tanto la alternancia política entre los dos grandes partidos como  su continuidad esté actualmente al borde del abismo.

Llegando al extremo que  el protagonismo del PP y PSOE que en otrora dominaba de forma abrumadora  el  escenario político, actualmente desgastados por las impopulares respuestas a la crisis y los casos de corrupción, se sitúen  en sus  horas mas  bajas,   y  que en razón  a su erosionada credibilidad  los componentes  del bipartidismo  pasen a jugar su futuro en los  próximos  comicios electorales  con el riesgo mas que evidente  que las deserciones en su electorado por trasvase hacia otras opciones políticas mas fiables sea  el referente   de inflexión hacia  su ocaso político.

Aún cuando el PP y PSOE se esfuerzan por acentuar distintivos de diferenciación, lo cierto es que ambos concuerdan en ejercer como tapadera política del poder económico.

Actuando como desencadenante   de este declive  su propio gregarismo político, que por arrastre de complicidad les impide escuchar la voz de la calle, al igual que  ejercer como legítimos valedores  de la voluntad soberana de los electores al   admitir  sin réplica  las interferencias antidemocráticas ejercidas por esos poderes fácticos,   a los que se pliegan, sin atreverse en modo alguno  a  desafiar sus concernidas  prioridades, y todo ello,  a pesar de  las catastróficas consecuencias  y lesivas repercusiones que  su alcance provoca  en los   intereses generales de la ciudadanía.

Esta realidad con su carga de dramatismo, pone de manifiesto la escasa fiabilidad que debe otorgársele a los políticos y voceros bipartidistas, pues con sus prácticas de perversión  además de estar ofreciendo un espectáculo bochornoso, mas que demostrar interés por la cosa pública   ponen de manifiesto  su  exclusiva  propensión  hacia la continuidad  de sus  privilegios, así como, la defensa a ultranza de intereses espurios.

El actual modelo bipartidista en su conformación reúne a las  dos caras de la misma moneda, de ahí que aún cuando el PP y PSOE se esfuerzan por  acentuar distintivos  de diferenciación, lo cierto es que son coincidentes en lo esencial, por    cuanto, ambos concuerdan en  ejercer como tapadera  política  de aquellos que concentran el poder económico,    siendo por ello su ejercicio una  rémora del cambio, o lo que es lo mismo, una forma de cambiar para que todo siga igual, es decir, toda una práctica que además de    coartar la  participación y deliberación de los ciudadanos en los asuntos públicos, hace que la ideología imperante sea la de los poderes económicos, y que en razón a ello, su  aplicación práctica mas que el reflejo de una  democracia real  tenga por equivalencia   la representación de un grotesco sainete bipartidista

Miseria ideológica, que fuerza   desechar al bipartidismo  como alternativa en todo proceso electoral, pues la regeneración del sistema  pasa a todas luces por la radicalización democrática.



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