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29

junio 2012

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Nos perdono, pero jamás te olvidaré.

Publicado por , Posteado enOpinión

Hasta ahora, a las personas a las que había acudido, de muy buena fe, me han dicho lo mismo, que el tiempo lo cura todo y que trate de olvidar. Esta teoría, que debe ser ancestral, es efectiva en cierta medida. Para olvidar debes estar haciendo otras actividades para distraer la mente, en lugar de pensar, lo que supone que no tienes que tener tiempo ocioso ni mantener una rutina. Tarde o temprano esta rutina siempre llega o en su defecto cualquier mención o recuerdo hará que vuelvas a pensar en ella y, por tanto, volver a empezar el proceso de cero.

Por todo ello, propongo una nueva filosofía, que no funciona sólo para las relaciones amorosas, sino también para otro tipo de relaciones ya sean de amistad o familiares. La clave no está en olvidar sino todo lo contrario, con un añadido: hay que perdonar, pero nunca olvidar, os explico: la primera parte es entender que llegar a perdonar una acción o a una persona trae consigo suculentos beneficios. Beneficios en forma de indiferencia o incluso el nacimiento de un nuevo lazo de afecto con esa persona. Si perdonas de verdad no hay lugar para el rencor ni para los malos sentimientos sino que dejas lugar a “nada”, un hueco, que rellenarás con algo más interesante, dándole paso a algo nuevo.

La segunda parte, no menos importante, y que debe ser simultánea con la anterior, consiste en no olvidar. No olvidar ni lo malo ni lo bueno, no olvidar lo bueno por lo evidente, por mero placer de tener buenos recuerdos y también porque eso te ayudará a perdonar. No olvidar lo malo por dos sencillas razones, sabrás a que atenerte si tienes que volver a tratar con esa persona y, además, ganarás experiencia en relaciones humanas que te servirán en el futuro.

Todo esto es muy bonito pensaréis, pero seguramente se os plantee una duda fundamental que es el eje de esta teoría: ¿cómo se perdona? Pues bien, no tengo la solución a esta pregunta o al menos no del todo. Este proceso es bastante complicado, pero parte de una base. Hay que dejar nuestro “ego” personal de un lado. Hay que darse cuenta de que no somos tan importantes ni tan inteligentes como pensamos. Todo esto viene a que este planeta cobija a más de 6.000 millones de habitantes actualmente y que albergó en otros tiempos a unos cuantos de millones más en el pasado y, por tanto, dejando de lado el hecho de que eres un microbio en este universo, esto que te ocurre a ti en este momento, lo han vivido muchas otras personas antes y puede que de peor manera. Por otro lado, tienes que darte cuenta de una cosa: cegado por el amor no supiste verlo y, lo siento amigo, pero si te hubieras parado a contemplarlo un rato hubieras visto lo que se te venía encima. Esto hace que la palabra perdonar esté muy ligada a la palabra aceptar, tienes que partir del hecho de que no todos somos personas iguales sino que actuamos y pensamos de forma distinta y, de acuerdo con esto, si te embarcaste en una relación conociendo a la persona que iba a llevar el timón contigo, primero deberías saber que un momento dado esa persona querría virar a la derecha y tu no. Frente a eso tienes dos opciones, quedarte en tierra esperando al siguiente barco o bien aceptar el hecho de que, a veces, tu co-capitana le gusta dar ciertos giros bruscos en alta mar.

A lo que quiero llegar es que para mantener una relación hay que aceptar a la otra persona tal y como es y no pretender manejar la relación a tu antojo porque no saldrá bien. En ocasiones simplemente habrá que aceptar y en otras habrá que sacrificarse aceptándolo por el bien de los dos, lo que implica responsabilidad con la relación y solidaridad con la otra persona. Y si no es así o no ha sido así, creo que te equivocas culpándola por todo, porque el que tiene toda la culpa eres tú. Conociéndola no supiste aceptar como era, la perdiste y le echaste la culpa. Ahora date cuenta y perdónate a ti mismo. Que pronto nos perdonamos a nosotros mismos.

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