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diciembre 2013

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El Papa del Amor.

Publicado por , Posteado enIglesia Católica

Cuando se ama de verdad: no hay techo para ese amor, no hay medida, no hay límite. “El amor todo lo puede” y nos lo demuestra de forma evidente el papa Francisco, un líder indiscutible en el hábitat del amor. Nos lo demuestra cada día y en cada instante, él es un cristiano convencido de que ante todo y sobre todo: “Dios es amor”. Yo tampoco entiendo ya el mundo sin Dios, aunque muchos se empeñan en entenderlo así; pero menos entiendo a un Dios que no sea Amor. Un Dios sin el Amor en grado absoluto no lo entiendo. Por lo tanto no me da miedo casi nada cara a la eternidad; respeto si, miedo no. Estoy convencido de que Dios está en cada uno de los acontecimientos y estará con los brazos abiertos para enseñarnos nuestra definitiva morada cuando llegue el momento adecuado; allí donde el dolor quedará definitivamente erradicado. El papa Francisco no sabe de: “Capillas Sixtinas”, ni de “Palacios Episcopales”, ni de paraísos terrenales; él sabe: de “mendigos” que necesitan que Dios se haga presente en sus vidas, de “harapientos”, de “gente abatida”, de “pelambreras” sin futuro; él sabe de ricos que buscan la “verdadera riqueza” para abandonar definitivamente la triste inmundicia de una riqueza que les esclaviza; él sabe de “pobres espirituales” que tienen el alma corrompida por el egoísmo o por la soberbia o por el pecado o por el placer. Al papa Francisco no le interesa “El Templo de Jerusalén” sino las piedras vivas; le interesa tu corazón, quizá roído por la codicia; y le interesa el mío, quizás roído también por el desamor o por el desaliento o por el egoísmo. Esos son las preocupaciones de Francisco. Su preocupación es el mundo con sus maldades y con sus bondades; su preocupación es que los hambrientos de pan alcancen el cielo, pero primero que se les alimente; sin el pan corporal no se le puede hablar de un mundo nuevo y de una tierra nueva. Los bienes de la tierra son necesarios para llegar al cielo…. Y podríamos seguir, pero mejor haz el favor de poner tú lo que falta; y lo que falta fundamentalmente es que comencemos a descubrir el amor en el panorama de nuestras vidas, pero un amor: verdadero, comprometido, exigente; no un amor acomodado, apático, frío. El amor ha de vivificar toda nuestra existencia. El amor y la felicidad al final son el culmen de nuestras vidas. Nuestras vidas sin amor están vacías y estériles.


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