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sábado

12

julio 2014

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Una regeneración simulada

Publicado por , Posteado enOpinión

Resulta inadmisible todo  planteamiento  de regeneración democrática  que no venga precedido  de la erradicación de todo  síntoma  de  degeneración política, y en esta relación de reciprocidad  tiene el PP el infranqueable impedimento de su propia corrupción.

Rajo 3 Desde  el inicio de la crisis, los  ciudadanos que esporádicamente se echaron  a la calle  denunciando  la degeneración del sistema, en su gran mayoría,  lo hicieron entonando voz en grito, el lema, «lo llaman democracia y no lo es»; eslogan, que por mas exagerado que pudiese parecer, la realidad de los hechos  puso   de manifiesto la contundencia de  su veracidad, pues  aún resultando exagerado decir  que  vivimos en una dictadura, no es menos cierto , que en un país que se esmera en otorgar  protección  a los embaucadores  en  detrimento de sus damnificados,    en ese estado de cosas, con  un poder político secuestrado y plegado a los intereses económicos de las élites financieras, eso que dan en llamar democracia   es de todo punto una completa  falacia,  aun cuando, por puro formalismo  la ciudadanía  pueda ejercer su derecho electoral.

Lo cierto es que el actual estado de degradación democrática,  lejos de adecuarse   a los  postulados  que  interesados analistas circunscriben  al desplome de la bonanza económica,  el hecho  innegable es  que su origen va  mucho mas allá, tanto,  que en adecuada temporalidad, para dar con sus causas,   habremos de remitirnos al  contexto de otro tiempo político en estricta coincidencia  con la transición, pues fue  en ese momento histórico cuando sin mediar cambios en lo esencial,  a través de maquillados retoques de apariencia, los partidos políticos ajenos al régimen, en contrapartida a su legalización optaron por desechar la ruptura  sin establecer mayores exigencias, siendo así  como la oligarquía  del franquismo sin cambiar de identidad siguió ejerciendo idéntica función  después de aquella perniciosa metamorfosis.

Fueron aquellos hechos  los que frustraron de partida la viabilidad  de una democracia que pudo haber sido y no fue, por cuanto, tanto la  incorrección del modelo de transición aplicado como  sus circunstancias derivadas,  situaron toda  hipótesis  democrática  en permanente riesgo involutivo, al ser los mismos oligarcas de siempre quienes siguieron   manteniendo  el  pleno poder  del aparato del Estado, que en todo momento fue superior a la comparativamente  insignificante influencia ejercida por el ejecutivo de turno.

Es decir, que al margen de prácticas de fantasía o ilusionismo, lo cierto es que el poder real dista de ser  el político, y así, los distintos gobiernos del bipartidismo  lejos de ejercer categoría  alguna  de mandato, se dedicaron a  cumplir exclusivamente  como subordinados  de la  oligarquía económica que sostuvo al franquismo, que en síntesis, fue y  sigue siendo el verdadero poder real de  nuestro país.

Atendiendo a esa mas que evidente conducta  de  sumisión,  resulta sorprendente   el reciente alarde de sublevación contestataria  proclamada por un desconocido  Rajoy, quien,   aprovechando  una orquestada campaña de imagen, para sorpresa de propios y extraños, erigido en adalid del contrasentido, no reparó lo mas mínimo  en  ofertar medidas de regeneración democrática, delatando  con ello además de un alto grado  de desfachatez,  inobservancia plena  al mínimo código de conducta, pues además de la cesión ante la presión de los mercados financieros,  es de todo punto sabido su implicación como máximo dirigente  del PP en el mas sonado escándalo de corrupción, y ambos aspectos en su conjunto ponen de manifiesto el trasfondo electoralista  que esconde su tan cacareada  oferta regenerativa.

Lo que intencionadamente despista  el Presidente  Rajoy, es que todo supuesto de  regeneración democrática lleva implícito un   reconocimiento de degeneración política, pero al parecer, entrar a profundizar en ese aspecto es algo que no interesa ni preocupa lo mas mínimo al entender  que no es ese el  objeto del debate, y al respecto,    para despejar toda  incógnitas  se ha  de precisar que el gobierno del Partido Popular con su cabeza visible al frente, formalmente   no pretende regeneración alguna, sino retroceder a hormas políticas del pasado, y cuando esto ocurre,   mas que estar asistiendo al restablecimiento de una verdadera democracia, clandestinamente, se está promoviendo  la estabilidad de la corrupción en todas sus formas posibles.

Por eso, aunque se empeñen en manifestar  que no hay electoralismo en su planteamiento,  lo cierto es,  que la finalidad de esta  estrategia regenerativa no es para nada una reconsideración de postulados políticos, sino una nueva argucia electoral, una maniobra, cuya única finalidad  es  frenar los malos augurios  que les depara el  ecosistema político, al reafirmar el  cada vez mas evidente final del bipartidismo; pero se equivocan de plano al pensar que con  actitudes testimoniales como la  reducción del número de aforados, la disminución  de  representación parlamentaria o el cambio de modalidad  en la  elección de los alcaldes, tienen el tema resuelto; pues la exigencia  es otra y diametralmente  distinta, y pasa   esencialmente por el restablecimiento y profundización de la democracia que se ha degenerado, limpiando las instituciones del Estado de corrupción para que sea la decencia  un valor presente al inicio del mas que obligado Proceso Constituyente.

Y mientras eso no ocurra,  es de todo punto evidente  que  la degradación  política mantendrá su ritmo ascendente.



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