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Daily Archive: noviembre 2, 2013

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noviembre 2013

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Guardia Civil en Mercedes

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Hace unos días circulaba por la carretera general que une dos pueblos de Coruña, en mi coche de séptima mano, a 78km/h, por un tramo de 50. Desde un Mercedes C220CDI nuevo, la Guardia Civil me sacó una foto que me cuesta 300 euros. Yo no la quiero, no me la han dado, pero estoy obligado a comprarla. En su lugar, me han dado una multa, plagada de faltas de ortografía.
Me parece una falta de respeto utilizar estos coches, no por el hecho de ser alemanes y que en España la industria automovilística esté en decadencia, sino por el precio de dichos automóviles.
En Alemania, la misma infracción cuesta 20 euros. En Francia ronda los 60. Pero en España vamos sobrados. 300 euros. Que eso de la crisis es un invento de los telediarios, yo lo recuerdo desde pequeño, aunque dicen que ahora va en serio. Da igual que circules en un coche más usado que el uniforme de Fidel Castro o en un Mercedes último modelo. La multa es igual para todos, para el que gana mil euros al mes, trabajando horas legales y horas fantasma, que para el que trabaja en un espectáculo tan subvencionado como es el fútbol, por poner un ejemplo. Ese Mercedes, en ese tramo, puede ir a la misma velocidad que un camión articulado cargado de mercancía. Ese Mercedes puede ir a la misma velocidad en ese tramo que en el centro de la ciudad.
Y, si a cualquiera se le ocurriese circular a 30km/h en un tramo como ese, recibiría una monumental pitada.
No sé qué clase de falta grave es la que, no niego, cometí saltándome esa señal, que, en medio de tantas otras, a veces uno no le presta la suficiente atención. Creo que en ningún momento fui un peligro para la circulación.
Me gustaría que me pagasen, por cada falta grave de ortografía, 30 euros. Me llegarían para pagar la multa, y con lo que me sobrasen, tal vez podría comprar los 2 puntos que me retiran.



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noviembre 2013

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Propuestas para meditar

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El personal que trabaja de cara al público, no en todos los sitios por igual, claro, tiene que soportar una presión superior casi todos los días a la que pueden «digerir». Lo veo en el personal del Área Administrativa de un Ambulatorio grande, como donde trabajo, lo siento en mis propias carnes de médico de primaria y lo veo en muchas otras facetas de la vida laboral en general.

Este dis-estrés –que hemos aceptado parece ser como «normal»–, compromete no solo la salud de los trabajadores, sino que está volviendo neurótico el Sistema que se aplica por unas áreas gerenciales y de “recursos humanos”, más preocupadas, entiendo, por el tema económico y de imagen que por otra cosa. Todo esto, ha hecho que aumenten los enfrentamientos entre los que reclaman atención y el personal que atiende, entre los miembros de las distintas áreas laborales –cada día más enrocados y a la defensiva– y… bueno, en todos los ámbitos en general.

Lo he dicho alguna otra vez y lo repito, más que aplicar soluciones simples –que algunas se aplican, tampoco niego la mayor–, se incide en las complejas, producto del intento de justificación (el ego a pasear) y su pretensión de demostrar. La explicación viene de que, la inmensa mayoría, hemos aprendido a vivir en una cultura que alimenta las conductas “egóicas”, reactivas y victimitas.

Existen, para mi gusto, demasiados cargos intermedios, que ponen en marcha acciones y planes para reorganizar la situación, pero pocos «indios» para llevar a cabo el trabajo con menos presión. Se refuerzan, a menudo, los puestos organizativos, y se asignan recursos para propuestas que parecen desde el principio, y acaban resultando al final, ineficaces, pero no se refuerzan los puestos sobrecargados, ni tampoco se hace una llamada social a la responsabilidad

Existe un estrés positivo, que nos facilita las actividades de la vida diaria, y un estrés negativo (dis-estrés), que comienza a notarse a la hora y media de trabajo continuado y conlleva dificultades de concentración y de memoria, además de tensión y cansancio que multiplican los fallos del trabajador. Este dis-estrés, hemos caído en el error de querer combatirlo exclusivamente, como enseñan muy bien en los cursos de liderazgo y relaciones humanas, con respiraciones profundas, mediadas para la mejora de la asertividad y la escucha, además de otros, que, creo, no sirven ni servirán si no nos hacemos bien conscientes de la situación sobrevenida y educamos mejor a la gente –desde la infancia– para ser menos dependiente de la estructura del Estado que, como cualquier estructura que concentra poder y alimenta la dependencia del ciudadano que delega su responsabilidad en él, empieza a hacer aguas. Unas aguas que nos pueden inundar seriamente si no aplicamos solución al factor humano y el dis-estrés comentado, nos auto-gestionarnos mejor y simplificamos.