Todo se lava, menos el odio. El odio impregna lo más íntimo de una persona, los sentimientos. Cuando esto ocurre, los seres languidecen.
La envidia y la impotencia generan estados de ánimos, tales como la ansiedad y la maquinación.
Con ese caldo de cultivo en las aulas no debemos de extrañarnos que una infancia utilizable, una adolescencia inmadura y una juventud aventurera, ciegas por un odio inyectado, pisen los derechos de todos, incluso los suyos.
Colegios, Institutos y Universidades, centros de operaciones de políticos interesados, se convierten en semilleros de futuros enemigos de cosas y personas que no conocieron.
Profesores, Catedráticos y Rectores, herramientas para algo que nunca estudiaron… herramientas para olvidar promesas y juramentos… herramientas de falsos paraísos. C
on toda seguridad suspenderían en historia y, sobre todo, en moral personal y colectiva.
Estos días, en Cataluña, se ha visto que la calle era, precisamente, de esos jóvenes utilizados y reutilizados… creyentes de lo que nunca conocieron… muchos de ellos caretas invisibles de cobardes sentimientos.
La otra realidad, no política pero sí sociológica, es aquella que no quieren decir: Cataluña ya no es solo de los Adriá, Bernat, Carles, Feliu, Francesc o Pere, ni de los Puigdemont, Junqueras, Turull o Solé sino de los Luis, Antonio, Miguel, Juan y de los Martínez, García, López, Sánchez., Rodríguez…… CATALUÑA no es pura sangre sino, mestiza enriquecida.
Lo triste de este comentario es que sólo sirve para consuelo del que escribe y pocos más; ya se encargan los “falsos pura sangre” de seguir coloreando su “paraíso perdido” con el dinero de los que viven con los pies en la tierra de todos.
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